Encuentro 7

LA PEQUEÑA COMUNIDAD, MAESTRA DE LA MISERICORDIA

 encuentro7

 

Vivamos juntos la misericordia

Encuentros para las pequeñas comunidades parroquiales 

(Jubileo extraordinario)

 

  1. ¿Qué nos proponemos en este encuentro?

Entender que la vida comunitaria es un diario aprender a vivir y practicar la misericordia amando a Dios y al prójimo, como Jesús nos ha amado hasta las últimas consecuencias.

 

2. Canto: Si me falta el amor

1.cantoAunque yo dominara las lenguas arcanas

y el lenguaje del cielo supiera expresar,

solamente sería una hueca campana si me falta el amor.

/ SI ME FALTA EL AMOR, NO ME SIRVE DE NADA

SI ME FALTA EL AMOR, NADA SOY. / (2)

Aunque todos mis bienes dejase a los pobres

y mi cuerpo en el fuego quisiera inmolar,

todo aquello sería una inútil hazaña si me falta el amor.

Aunque yo desvelase los grandes misterios

y mi fe las montañas pudiera mover,

no tendría valor, ni me sirve de nada si me falta el amor.

 

3. PARA EL ANIMADOR: (PISTAS PARA ORIENTAR EL ENCUENTRO)

2.animador

  • ¿En la comunidad parroquial se conoce el nombre, dirección y situación de las personas que necesitan de nuestra misericordia?
  • ¿Qué programas y acciones se han diseñado para atender a estas personas? Si nada, ¿por qué?
  • ¿Los niños y jóvenes conocen y participan en la ejecución de estos programas y acciones?
  • ¿En la comunidad parroquial se ha hablado de la Doctrina Social de la Iglesia, se sabe qué es y para qué sirve? ¿Es conveniente estudiarla? ¿Por qué?

 

ATENCIÓN:

Responda usted, personalmente las anteriores preguntas que le ayudarán como pistas para fomentar el diálogo inicial. Estas pueden ser proyectadas en un video beam, una cartelera o copiadas para ser entregadas a los participantes.

 

 4.  ESCUCHEMOS A DIOS: Lc 10, 35-47

  • 3.bibliaEl buen samaritano. « ¿Quién es mi prójimo?». Para el judaísmo tradicional, el prójimo era el hermano de pueblo, el otro de origen israelita; los demás no eran prójimos. Pero aun dentro del sistema socio-religioso del judaísmo, ese próximo debía reunir unas condiciones especiales para poder acercarse a uno, no debía estar impuro legalmente para que no hiciera impuro a nadie.
  • El samaritano que se acerca al herido –es el prototipo de la persona odiada, rechazada, que resulta incómoda porque su sola presencia ponía en riesgo la pureza legal– sirve a Jesús como modelo de lo que significa ser prójimo.
  • El samaritano actuó contra la Ley y podría ser motivo de acusación del piadoso doctor de la Ley, pero su acción supera con mucho a la Ley misma porque ha actuado con amor, con compasión, con generosidad, con desinterés y sobre todo, con misericordia” (Tomado de la Biblia de nuestro Pueblo).

 

5. CONSTRUYAMOS EL CAMINO

4.camino

 

  1. Relaciones de misericordia

“Cuantas veces se cierra el corazón a la Palabra amorosa de Dios surge el impedimento para que ésta transforme la vida. Este comportamiento con frecuencia se asemeja a los campos donde cae la semilla pero no produce fruto (Ver Mt 13, 1-7) o a la desilusión de los discípulos de Emaús que se cierran y no comprenden bien las Escrituras (Ver Lc 24, 13-35), o como en el caso del maestro de la ley del que acabamos de escuchar la lectura del evangelio, que cree saberlo todo y hasta recita de memoria la teoría del amor, pero luego la olvida y no la lleva a la práctica (Ver Lc 10, 25-37). Jesús invita a escuchar la Palabra para reconocerlo en la Eucaristía y en los hermanos más necesitados con quienes se ha de practicar la misericordia.

La propuesta que Jesús hace a la comunidad es que se tome en serio: vivir la Palabra  sembrada y celebrada en el corazón, sin barreras, fundada sólo en la relación del amor a Dios y al prójimo. Él enseña una nueva manera de entender la vida comunitaria: amar a Dios y al prójimo, como yo los he amado (Ver Jn 13, 34), hasta las últimas consecuencias: la Cruz. El nuevo mandamiento propuesto por Jesús derrumba toda barrera y coloca la dignidad de la persona  por encima de todo, dando como resultado nuevas relaciones de fraternidad, de misericordia, de igualdad entre personas, razas, sexos, categorías sociales.

Este amor nace de la experiencia, de la vida concreta, de la relación profunda que existe entre Jesús y su Padre. Del mismo modo cada miembro de la pequeña comunidad, discípulo de Jesús, está llamado a vivir la misericordia, como una experiencia de fe que lo compromete a darse, entregarse, servir, porque de qué sirve la fe sin obras (Ver St 2, 14), o como se dice comúnmente: obras son amores y no buenas razones.

Vivir esta experiencia de amor misericordioso, no es nada fácil, se necesita un corazón abierto, sensible al dolor del otro, y eso sólo se logra en una profunda intimidad con el Padre en la oración, la vida sacramental y la escucha asidua de la Palabra de Dios. El compromiso consecuente al encuentro con Jesús en la Palabra y en los Sacramentos, especialmente la Eucaristía, es el de manifestar la fe en las obras, superando el problema que aqueja a nuestro tiempo de separar la fe y la vida, porque el mandamiento del amor es la respuesta concreta al seguimiento de Jesús, y es Él mismo quien enseña a amar con un corazón lleno de misericordia como el de su Padre.

 

2. La comunidad busca la respuesta.

“¿Quién es mi prójimo?”, La comunidad ha de ayudar a cada uno de sus integrantes a encontrar la respuesta a la gran pregunta.  Para responderla, Jesús utiliza una parábola donde deja claro: el prójimo es el que se aproxima, se acerca al dolor del otro, tiene compasión, se mete en la realidad del otro para sentir su dolor. Pero para reconocerse prójimo debe primero conocer la necesidad del otro, ver, descubrir el sufrimiento de cualquier persona maltratada por la opresión, la pobreza, la necesidad y la injusticia.

Frente al dolor y el sufrimiento,  Jesús siempre tiene una actitud de misericordia y por eso enseña  a través de esta parábola que la misericordia se puede practicar dando tres pasos, y  llegar así, a ser prójimo del que sufre:

  • Ver, es decir, darse cuenta, descubrir las necesidades de los otros.
  • Sentir: Apropiarse de la situación del otro y  sentir su dolor.
  • Actuar: Hacer algo para sacar al hermano de esa situación. Jesús es la misericordia  porque encarna el amor, se preocupa por las necesidades de los pobres, se conmueve ante el dolor y se transforma en ayuda eficaz.

El camino de Jerusalén a Jericó, es el trayecto de la vida, es, a veces una brecha, un atajo o una carretera marcada por la necesidad de muchos que esperan a otros tantos samaritanos por donde hombres y mujeres de todos los tiempos y lugares pasan inadvertidos de los peligros que allí  existen. Es el camino en donde se encuentran los caídos a quienes se debe reconocer como hermanos, personas anónimas que necesitan pasar de condiciones de vida infrahumanas a condiciones más humanas, es el camino donde alguien espera la ayuda de un corazón misericordioso.   

 

3. Misericordia sin condiciones

La narración de la parábola del Buen Samaritano está enmarcada en el último viaje de Jesús a Jerusalén, donde aprovecha para instruir a sus discípulos y enviarlos a la misión, precedida y seguida de textos referidos a la oración (Ver Lc 10, 2 - 10. 38 - 42; 11, 1-4). Hay aquí ya una enseñanza, el discípulo de Jesús para descubrir el amor de Dios y la realidad del prójimo que sufre necesita una vida de oración, de contemplación. La oración a partir de la Palabra exige también un conocimiento y análisis de la realidad, una lectura creyente de los hechos, para poder asumir una verdadera actitud de misericordia.

Jesús no vino a acabar con la Ley, con lo que está escrito, Él vino a darle plena realización. El cumplimiento de la Palabra, la fe en Jesucristo, Palabra hecha carne, es lo que da vida y salvación  (Ver Gal 2, 16 ss). Insiste que por encima de las obligaciones  debe existir una actitud de amor, de misericordia sin condiciones (Ver Mc 3, 1-6).

La exigencia de Jesús al maestro: haz eso y vivirás deja claro que es la vivencia de la Palabra, en favor de los pobres, lo que da vida eterna. Jesús, con su vida,  cumple  la Palabra y enseña cómo cumplirla: Todo lo que hagan a uno de estos más pequeños, me lo están haciendo a mí, (Ver Mt 25). Los apóstoles aprendieron bien la lección, Juan, el discípulo de Jesús, insistirá a sus comunidades: “quien dice que ama a Dios a quien no ve y no ama a su hermano (prójimo) a quien ve es un mentiroso” (1 Jn 1, 19). La actitud de amor de Jesús se entrelaza con el Antiguo Testamento, pero a su vez lo supera. Él no se limita a predicar un precepto de amor, sino que lo cumple, porque es la práctica del amor a Dios y al prójimo lo que hace posible la vida en plenitud.

 

4. Alguien necesita ayuda

La parábola comienza diciendo que un hombre, sin nombre, ni nacionalidad, ni religión, simplemente un hombre cae en manos de los bandidos y lo despojan de todo, lo golpean y lo dejan “medio muerto” (Lc 10, 30), un hombre necesitado que requiere ayuda. Este hombre cualquiera, ha sido golpeado, maltratado, humillado en su dignidad de persona. Un ser humano herido por un corazón egoísta, por un sistema que oprime, por el pecado de vivir sin Dios.

Éste hombre representa el sufrimiento de todos los hombres y mujeres que Jesús conocía y por quienes sentía compasión: personas golpeadas por el hambre, la miseria, la enfermedad, la discriminación (leprosos), el abandono, la injusticia. Todos ellos fueron el objeto, el fin de su misericordia hasta las últimas consecuencias (Ver Jn 6, 1-12; Mc 7, 31; Lc 17, 11 ss; Mt 14, 35-36).

 

5. La misericordia va más allá de la solidaridad

El buen samaritano es símbolo de solidaridad, muchas entidades no eclesiales utilizan su imagen para decir lo importante que es la ayuda mutua para el bien común y el de cada uno en particular. La solidaridad no es sólo una acción cristiana, es una acción que utilizan todas las personas del mundo  para  ayudar a solucionar  las necesidades de los demás. Todos estamos llamados a ser solidarios, por el sólo hecho de pertenecer a una misma familia universal.

La solidaridad es válida en toda sociedad, por alejada que esté de Dios, basta que se reconozcan entre sí como personas con dignidad. Pero, no podemos olvidar que la solidaridad tiene su fuente en la virtud teologal de la caridad, por tanto requiere de la gracia de Dios para practicarla. Es una virtud cristiana que a la luz de la fe se supera a sí misma.

Para los miembros de la pequeña comunidad, es mucho más significativo hablar de  la misericordia, porque  ella sobrepasa los límites de la solidaridad. Se manifiesta en el amor cristiano que es creativo, dinámico, abierto, siempre nuevo. La Doctrina social de la Iglesia nos habla de la solidaridad como un medio para lograr la justicia social  y de la misericordia como medio para vivir el amor de Dios que se acredita en obras, obras que traspasan límites de política, cultura, creencias, nacionalidad, raza. Obras que son actos sencillos y humildes expresan concretamente que Dios es misericordia infinita. Por eso la Iglesia no es una ONG (Organización No Gubernamental) que hace cosas por aliviar el dolor del otro, para buscar reconocimientos, ella va más allá, sólo busca el rostro de Cristo que sufre en los hermanos más necesitados para llenarlos de misericordia” (Tomado de María Oliva Gutiérrez Mejía, libro “Veo que eres profeta” pp 121-126; 135-136).

 

6. Ejemplos tenemos.

Gracias al testimonio de los Padres de la Iglesia, de san Pablo en sus cartas y de san Lucas en los hechos de los Apóstoles, lo que se ha dicho hasta aquí se puede resumir y visualizar en el ejemplo concreto e histórico de una comunidad que enseñó con su vivir que la vida comunitaria es vivir y practicar la misericordia amando a Dios y al prójimo. Esta es la primitiva comunidad cristiana que escuchando a los Apóstoles, orando, celebrando la Eucaristía – Cena del Señor, con esfuerzo y superando los retos que se les presentaron, hicieron visible y tangible el mandato del amor misericordioso que Jesús había predicado. Tan bien lo hicieron que muchos exclamaron al observarlos: “Miren como se aman” y quisieron formar parte de esta comunidad. Por esto, fruto de la acción del Espíritu Santo, el mensaje se extendió y llegó hasta nosotros.

 

 

6. AHORA COMENTEMOS

  1. ¿Después de esta reflexión cómo se siente su corazón? ¿Tranquilo, frustrado, cuestionado, con ánimo para emprender en comunidad 5.comentemosacciones concretas? ¿Por qué?
  2. ¿Cree que en su parroquia hay programas y acciones para formar cristianos auténticamente misericordiosos? ¿Esto es necesario y útil? ¿Por qué?
  3. ¿Qué pasos estaría dispuesto/a a caminar para formar en su comunidad parroquial cristianos verdaderamente misericordiosos?
  4.  ¿Estaría dispuesto a conocer y estudiar la Doctrina Social de la Iglesia? ¿De qué manera?  

 

7. EMPRENDAMOS EL CAMINO

«La multitud creyente tenía una sola alma» (Hechos 4,32)