Encuentro 8

BIENAVENTURADOS LOS MISERICORDIOSOS

 encuentro8

Vivamos juntos la misericordia

Encuentros para las pequeñas comunidades parroquiales 

(Jubileo extraordinario)

 

1. ¿Qué nos proponemos en este encuentro?

Reflexionar sobre la bienaventuranza de la misericordia y ver las implicaciones que ella tiene en la vida de los discípulos misioneros de Jesucristo y de la Iglesia. 

 

2. Canto: Yo creo

1.canto

//Yo Creo en las promesas de Dios//

Yo creo en las promesas de mi Señor.

//Si soy fiel en lo poco el me confiará más

Si soy fiel en lo poco mis pasos Guiará//

Yo creo en la misericordia…

Yo creo en el perdón… 

 

 

3. PARA EL ANIMADOR: (PISTAS PARA ORIENTAR EL ENCUENTRO)

  • ¿Qué es la misericordia?

    -¿Qué situaciones de nuestra sociedad son objeto de misericordia?

    -¿Qué personas conozco que practiquen o hayan practicado la misericordia?2.animador

    -¿En la comunidad parroquial se conoce el nombre, dirección y situación de las personas que necesitan de nuestra misericordia?

    -¿Qué programas y acciones se han diseñado para atender a estas personas? Si nada, ¿por qué?

    -¿Los niños y jóvenes conocen y participan en la ejecución de estos programas y acciones?

    -¿En la comunidad parroquial se ha hablado de la Doctrina Social de la Iglesia, se sabe qué es y para qué sirve? ¿Es conveniente estudiarla? ¿Por qué?

ATENCIÓN:

Responda usted personalmente las anteriores preguntas que le ayudarán como pistas para fomentar el diálogo inicial. Estas pueden ser proyectadas en un video beam, una cartelera o copiadas para ser entregadas a los participantes.

 

4.  ESCUCHEMOS A DIOS: Mateo 5,7

3.biblia

  • Recreemos brevemente el escenario: En sus viajes misioneros, Jesús se ha encontrado con la dura realidad de su pueblo, a todas las personas y en las diversas formas de su sufrimiento Él les ha hecho experimentar la Buena Nueva del Reino. La multitud sanada no vuelve a casa inmediatamente, sino que se deja educar por Jesús en la vida nueva que para ellos ha comenzado.
  • Esto es importante porque, como precisa el evangelista, los que se han visto sanados por Jesús ahora comienzan un camino de discipulado: “Y le siguió una gran muchedumbre”.  Frente a esta muchedumbre (“Viendo la muchedumbre…”, 5,1a), Jesús da dos pasos iniciales:
  • “Subió la montaña” (5,1b), lo cual parece evocar la subida de Moisés al Sinaí para recibir y proclamar la Ley de Dios, el evangelio terminará también con Jesús dando su última instrucción desde lo alto de un monte en Galilea (ver 28,16). 
  • “Se sentó” (5,1c), actitud propia de un Maestro que da instrucciones u órdenes. Ambos términos nos muestran la autoridad con la que Jesús va a hablar y nos invitan a atender y acoger la revelación como discípulos. Entonces se da inicio a la enseñanza, este es el alimento que necesita la gente, los milagros solos no bastan, hay que explorar la belleza y apropiarse de la riqueza de la vida del Reino.
  • La quinta bienaventuranza es LA MISERICORDIA (5,7): en el evangelio de Mateo el término “misericordia” está casi siempre asociado al de “perdón”.  Pero hay un punto de vista más amplio: donde quiera que alguien sufra allí hay que reconstruir –mediante una acogida efectiva- el tejido social deteriorado.

 

 

5. CONSTRUYAMOS EL CAMINO

4.camino

 

1. La misericordia de Cristo.

 

 La bienaventuranza sobre la que deseamos reflexionaren este encuentro es: «Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia». Partiendo, de la afirmación de que las bienaventuranzas son el autorretrato de Cristo, nos podemos hacer el siguiente interrogante: ¿cómo vivió Jesús la misericordia? ¿Qué nos dice su vida sobre esta bienaventuranza?

En la Biblia, la palabra misericordia se presenta con dos significados fundamentales: el primero indica la actitud de la parte más fuerte (en la alianza, Dios mismo) hacia la parte más débil y se expresa habitualmente en el perdón de las infidelidades y de las culpas; el segundo indica la actitud hacia la necesidad del otro y se expresa en las llamadas obras de misericordia. Existe, por así decirlo, una misericordia del corazón y una misericordia de las manos.

En la vida de Jesús resplandecen las dos formas. Él refleja la misericordia de Dios hacia los pecadores, pero se conmueve también de todos los sufrimientos y necesidades humanas, interviene para dar de comer a la multitud, curar a los enfermos, liberar a los oprimidos.

En nuestra bienaventuranza el sentido que prevalece es ciertamente el primero, el del perdón y de la remisión de los pecados. Lo deducimos por la correspondencia entre la bienaventuranza y su recompensa: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia», se entiende ante Dios, que perdonará sus pecados. Es conocida la acogida que Jesús reserva a los pecadores en el Evangelio y la oposición que ello le procuró por parte de los defensores de la ley, uno de los dichos históricamente mejor atestiguados de Jesús es: «No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores» (Mc 2, 17). Sintiéndose por Él acogidos y no juzgados, los pecadores le escuchaban gustosamente.

 

2. Un Dios que se complace en tener misericordia

 

Jesús justifica su conducta hacia los pecadores diciendo que así actúa el Padre celestial. A sus detractores les recuerda la palabra de Dios en los profetas: «Misericordia quiero, y no sacrificios» (Mt 9, 13). La misericordia hacia la infidelidad del pueblo, es el rasgo más sobresaliente del Dios de la Alianza y llena la Biblia de un extremo a otro.

Ser misericordiosos se presenta así como un aspecto esencial del ser «a imagen y semejanza de Dios». «Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso» (Lc 6, 36).  Pero lo más sorprendente, acerca de la misericordia de Dios, es que Él experimenta alegría en tener misericordia.

 

3. Nuestra misericordia, ¿causa o efecto de la misericordia de Dios?

 

Jesús dice «Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia» y en el Padre Nuestro nos hace orar: «Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden». Dice también: «Si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas» (Mt 6, 15). Estas frases podrían llevar a pensar que la misericordia de Dios hacia nosotros es un efecto de nuestra misericordia hacia los demás, y que es proporcional a ella.

La parábola de los dos siervos es la clave para interpretar correctamente la relación. En ella se ve cómo es el señor quien, en primer lugar, sin condiciones, perdona una deuda enorme al siervo (¡diez mil talentos!) y que es precisamente su generosidad la que debería haber impulsado al siervo a tener piedad de quien le debía la mísera suma de cien denarios.

Debemos, entonces, tener misericordia porque hemos recibido misericordia, no para recibir misericordia; pero hay que tener misericordia, si no la misericordia de Dios no tendrá efecto en nosotros y nos será retirada, como el señor de la parábola la retiró al siervo despiadado.

 Si, en la bienaventuranza, la misericordia de Dios hacia nosotros parece tener el efecto de nuestra misericordia hacia los hermanos, es porque Jesús se sitúa aquí en la perspectiva del juicio final («alcanzarán misericordia», ¡en futuro!). «Tendrá un juicio sin misericordia el que no tuvo misericordia; pero la misericordia se siente superior al juicio».

 

4. Experimentar la misericordia divina

Si la misericordia divina está en el inicio de todo y es ella la que exige y hace posible la misericordia de los unos con los otros, entonces lo más importante para nosotros es tener una experiencia renovada de la misericordia de Dios.

 

A la luz de esta bienaventuranza se podría hacer un examen de conciencia. «Bienaventurados los misericordiosos»: Señor, frecuentemente he pedido y he recibido a la ligera tu misericordia, ¡sin darme cuenta de a qué precio me la has procurado! A menudo he sido el siervo perdonado que no sabe perdonar: ¡Señor, ten piedad!

Hay una gracia especial cuando no es sólo el individuo, sino toda la comunidad la que se pone ante Dios en esta actitud penitencial. De una experiencia profunda de la misericordia de Dios se sale renovados y llenos de esperanza.

 

5. Una Iglesia «rica en misericordia»

 

El cardenal que dirigía los retiros a la curia romana en el año jubilar 2000 (François Xavier Nguyên Van Thuân), aludiendo al rito de apertura de la Puerta Santa, dijo en una meditación: «Sueño una Iglesia que sea una "Puerta Santa", abierta, que abrace a todos, que esté llena de compasión y comprensión por todos los sufrimientos de la humanidad, tendida a consolarla».

 La Iglesia del Dios «rico en misericordia», debe ver la actitud de Cristo hacia los pecadores y examinar en él algunos criterios. Él no hace insignificante el pecado, pero encuentra el modo de no alejar jamás a los pecadores, sino más bien de atraerlos hacia sí. No ve en ellos sólo lo que son, sino aquello en lo que se pueden convertir si son tocados por la misericordia divina en lo profundo de su miseria y desesperación. No espera a que acudan a Él; frecuentemente es Él quien va a buscarles.

El papa Francisco, hablando de la Iglesia, dice que él prefiere una Iglesia accidentada por salir y no una Iglesia conservada y sin salir a las periferias, es decir una Iglesia autoreferenciada.

 

6. «Revestíos de entrañas de misericordia»

 

La última palabra a propósito de cada bienaventuranza debe ser siempre la que afecta personalmente e impulsa a cada uno de nosotros a la conversión y a la práctica.  «Los seres humanos –decía San Agustín- somos como vasos de arcilla, que solo con rozarse, se hacen daño». No se puede vivir en armonía, en la familia y en cualquier otro tipo de comunidad, sin la práctica del perdón y de la misericordia recíproca. Misericordia es una palabra compuesta por misereo y cor; significa conmoverse en el propio corazón del sufrimiento o el error del hermano.

 Se trata de reaccionar con el perdón y, hasta donde es posible, con la excusa, no con la condena. Cuando se trata de nosotros, vale el dicho: «Quien se excusa, Dios lo acusa; quien se acusa, Dios lo excusa»; cuando se trata de los demás ocurre lo contrario: «Quien excusa al hermano, Dios lo excusa a él; quien acusa al hermano, Dios lo acusa a él». El perdón es para una comunidad lo que es el aceite para el motor. Si uno sale en carro sin una gota de aceite en el motor, en pocos kilómetros todo se incendiará. Como el aceite, también el perdón resuelve los conflictos.

 

 6. AHORA COMENTEMOS5.comentemos

-¿Qué actitudes de misericordia podemos fomentar en nuestra pequeña comunidad cristiana?

-¿Cómo bautizado y miembro de la Iglesia vivo y practico la misericordia de Dios? ¿con que signos concretos?

-¿Qué aspectos de la misericordia de cristo encuentro en mi propia vida? 

 

 

7. EMPRENDAMOS EL CAMINO

«Que tu misericordia Señor venga sobre nosotros como lo esperamos de Ti» (Salmo 32)