Encuentro 9

LA BONDAD DE DIOS EN OBRAS HUMANAS

 

encuentro9

Vivamos juntos la misericordia

Encuentros para las pequeñas comunidades parroquiales 

(Jubileo extraordinario)

 

1. ¿Qué nos proponemos en este encuentro?

Descubrir la gracia salvadora de las obras de misericordia, particularmente de aquellas que responden a las necesidades básicas del ser humano (comida, bebida, vestido y techo) y destacar su acción santificante en quien las ejerce. 

 

2. Canto: Con vosotros está

1.cantoCon vosotros está y no le conocéis

Con vosotros está: su nombre es el Señor/.

 

Su nombre es el Señor y pasa hambre

y clama por la boca del hambriento,

y muchos que lo ven pasan de largo,

acaso por llegar temprano al templo.

 

Su nombre es el Señor y sed soporta

y está en quien de justicia esta sediento,

y muchos que lo ven pasan de largo

a veces ocupados en sus rezos.

 

Su nombre es el Señor y está desnudo

la ausencia del amor hiela sus huesos,

y muchos que lo ven, pasan de largo

seguros y al calor de su dinero.

 

Su nombre es el Señor y enfermovive,

y su agonía es la del enfermo,

y muchos que lo saben, no hacen caso,

tal vez no frecuentaba mucho el templo.

 

Su nombre es el Señor y está en la cárcel,

está en la soledad de cada preso,

y nadie los visita y hasta dicen:

tal vez ese no era de los nuestros.

 

Su nombre es el Señor, el que sed tiene

quien pide por la boca el hambriento,

está preso, está enfermo, está desnudo

Pero Él nos va a juzgar por todo eso.

 

3. PARA EL ANIMADOR: (PISTAS PARA ORIENTAR EL ENCUENTRO)

Actividad: El árbol de la misericordia

 

- El animador prepara con anterioridad una cartelera en la que dibuje un árbol. A cada integrante de la comunidad le entrega una tarjeta para2.animador que dibuje la obra de misericordia corporal que más le guste, luego cada uno comenta brevemente a los demás por qué la escogió y pasa a pegarla en una hoja del árbol.

 

 

- Al terminar la actividad el animador puede concluir que cada obra que alguien realice por el hermano será un escalón más para alcanzar un lugar en el Cielo y por tanto debemos esforzarnos para cumplir mejor con esta gran tarea encomendada por Jesucristo y la Iglesia para bien de la sociedad, y en particular, de la comunidad. 

 

4.  ESCUCHEMOS A DIOS: Mt 25, 34-45

3.biblia

Este pasaje se enmarca en el relato del “juicio de las naciones”, se trata de la última instrucción amplia de Jesús a sus discípulos inmediatamente antes de empezar la pasión.

·        La intención de este discurso no es la de describir los acontecimientos del fin del mundo, sino que busca preparar a los oyentes a tener una vida ejemplar a la luz de las enseñanzas de Jesús, y esa vida se logra gracias a la práctica de buenas obras en favor de los más necesitados, “los pequeños”. En otros pasajes del Evangelio de Mateo, las expresiones "hermanos míos" y "pequeñuelos" (Mt 10,42; 12,48-50; 18,6.10.14; 28,10) hacen referencia a los mismos discípulos, aunque también a los miembros más abandonados de la comunidad, a los despreciados que no tienen a dónde ir y que no son bien recibidos (Mt 10,40). Jesús se identifica con ellos. Pero no es sólo esto. En el contexto más amplio de la expresión "mis hermanos más pequeños" se incluye a todos aquellos que en la sociedad no tienen lugar.

·        Los "justos" y los "benditos de mi Padre" son todas las personas de todas las naciones que acogen al otro en total gratuidad, independientemente del hecho de que sean cristianos o no. A propósito Jesús se dirige a todos sin hacer distinciones, lo que quiere decir que el Reino no es un proyecto exclusivo de sus discípulos o de la Iglesia, sino que puede realizarse más allá de estas fronteras. Debemos comprender entonces que muchos, aun sin conocer a la persona de Jesús, pueden formarse en los valores de la entrega y el amor al prójimo, y eso define su destino.

·        Los que están del otro lado del Juicio son llamados “malditos” y están destinados al fuego eterno, preparado por el diablo y los suyos. Jesús usa el lenguaje simbólico común de aquel tiempo para decir que estas personas no van a entrar en el Reino. Y aquí también el motivo es uno sólo: no acogieron a Jesús hambriento, sediento, extranjero, desnudo, enfermo y preso. No es que Jesús nos impida entrar en el Reino, sino es nuestra propia negación para acoger al otro, la ceguera que nos imposibilita ver a Jesús en los pequeños.

·        Otro aspecto importante que pretende resaltar el texto es el significado de la figura de Jesús: el Hijo del hombre que actúa como juez para recibir en su Reino a los que tuvieron amor misericordioso con el prójimo (con Él mismo) “Les aseguro que lo que hayan hecho a uno solo de éstos, mis hermanos menores, me lo hicieron a mí”.

Las seis maneras de manifestar la bondad hacia el prójimo se encuentran en el Antiguo Testamento “compartir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo y no despreocuparte de tu hermano”(Is 58,7). 

 

 

5. CONSTRUYAMOS EL CAMINO

4.camino

 

1. Tareas del discípulo

 

1. La predicación de Jesús nos presenta las obras de misericordia para que podamos darnos cuenta si vivimos o no como discípulos suyos. Redescubramos las obras de misericordia corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero y enterrar a los muertos.

 

1.1.             Dar de comer al hambriento

 

Comer es una necesidad básica de todo ser humano. En la Escritura el alimento se asocia con el bienestar del cuerpo y el espíritu. Su importancia está reflejada en la acción que el salmista atribuye al mismo Dios “Él da pan a todo viviente” y Jesús lo hace explícito en su oración “danos hoy nuestro pan de cada día” (Mt 6,11).  El hambre por el contrario es, en el Antiguo Testamento, una experiencia del desierto, de ausencia de la benevolencia de Dios “Él te afligió, haciéndote pasar hambre” (Dt 8,3a). En el Nuevo Testamento es una característica de los pobres, a los que Jesús proclama bienaventurados, pues al pasar por esta necesidad se hace explícita la ausencia de justicia “Felices los que tienen hambre y sed de justicia” (Mt 5,6a).

 

En nuestra experiencia cristiana el hambre es considera símbolo de la necesidad de la verdadera comida, Jesús que se da como alimento para la vida eterna “yo soy el pan de vida” (Jn 6, 35a), expresión que se quedó para siempre entre nosotros a través de la Eucaristía como gesto de su entrega definitiva.

 

En el mundo actual son muchas las expresiones de hambre que afligen a la humanidad y poco a poco han destruido la armonía social, por ello el papa Benedicto XVI en su encíclica Caritas in Veritate nos recuerda la responsabilidad que tiene cada miembro de la Iglesia para enfrentar esta realidad: …“dar de comer a los hambrientos” es una exigencia ética para la iglesia universal, que responde a las enseñanzas del Señor Jesús, sobre la solidaridad y el compartir… El hambre no depende tanto de la escases material, sino de la insuficiencia de los recursos sociales por parte de las instituciones… El derecho a la alimentación tiene un papel importante para conseguir otros derechos, comenzando por el primario: el derecho a la vida. Por tanto, es necesario que madure una conciencia solidaria que considere la alimentación y el acceso al agua como derechos universales de todos los seres humanos, sin distinción ni discriminación (ver CV 27)

 

1.2.            Dar de beber al sediento

 

Esta obra de misericordia es complementaria a la anterior ya que también es considerada como una acción esencial a favor de la vida, pues ningún ser humano puede concebir su existencia sin el agua. La exclamación de Cristo en la cruz “Tengo sed” (Jn 19,29) es la manifestación del momento tormentoso que pasa en la cruz y la profunda necesidad de saciarse volviendo al Padre. En la samaritana resuena dicha petición “¡Dame de beber!” (Jn 4,7) como su urgente súplica para no tener más sed. Entre las dificultades que deben afrontar los discípulos de Jesús está el del hambre y la sed (ver 1Cor 4,11; Cor 11, 27), por eso el gesto de dar, aunque sea un vaso de agua a los enviados por el Señor, será un acto de recompensa (ver Mc 9,41).

El agua es un símbolo frecuente del Bautismo. En efecto, al igual que el agua el Bautismo purifica y revive a cada ser humano. Ya no se trata de saciar únicamente la necesidad física sino de la renovación del espíritu (Jn 3,5). Esto nos indica que también es tarea nuestra orientar a otros, alejados o iniciados, a que se hagan partícipes de este manantial sacramental.

El Papa Francisco es su encíclica Laudato Sí´ nos recuerda la emergencia que viven los pueblos por la falta de agua potable ya que fenómenos como la explotación de las reservas hídricas, la contaminación y la industrialización les han robado este preciado líquido, por esta razón dice: “El acceso al agua potable y segura es un derecho humano esencial, fundamental y universal, puesto que determina la supervivencia de las personas y por esto es condición para el ejercicio de los otros derechos humanos. Privar, pues, a los pobres del acceso del agua significa negar el derecho a la vida fundamentado en su inalienable dignidad” (LS 30).

 

1.3.            Dar posada al peregrino

 

Las palabras “fui forastero y me hospedaron” (Mt 25,35) es una realidad constantemente vivida en la historia de Israel, desde el mismo Abraham que tiene que salir de su tierra en busca de la Promesa “sal de tu tierra nativa y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré” (Gn 12,1). Así, el peregrino que pasa y pide techo para protegerse es memoria del judío errante que pasó buscando la tierra prometida. Por ello la Escritura establece acoger al otro como miembro de la familia: “Cuando un emigrante se establezca entre ustedes en su país, no lo opriman. Será para ustedes como uno de sus compatriotas: lo amarás como a ti mismo, porque ustedes fueron emigrantes de Egipto” (Lv 19,33-34).

 

La práctica de acoger a un desconocido o alejado en la casa no es una cuestión fácil de asumir, pues se corre el riesgo de ser asaltado y saqueado, por ello es importante tomar medidas preventivas como informarse o comunicar a otros sobre la presencia de esta persona.

 

Por otra parte existen los peregrinos de misión que claramente la Iglesia los encomienda al cuidado de las comunidades. Es importante que se le dé una acogida generosa y religiosa debido a la gran labor que realizan. Todo acto de hospitalidad al hermano pone de manifiesto la práctica de un amor no fingido.

 

1.4.           Vestir al desnudo

 

La Sagrada Escritura le da a la desnudez un significado negativo, es fruto del pecado (ver Gn 3,7), de la condición del esclavo vendido (ver Gn 37,23), del prisionero (ver Is 20,4), en particular, indica la desnudez humillada del marginado. Por el contrario, la misma Escritura habla del vestido como signo de la condición espiritual del ser humano y expresa el contraste entre “el joven desnudo” (Mc 14,51-52) como símbolo de la cercanía de la muerte y el “joven vestido de blanco” anunciador de la Resurrección de Jesucristo.

 

En nuestra cultura, el vestido indica dignidad y prestigio, hace parte de nuestra condición social, política y económica. Los cristianos estamos llamados a no dejar sin abrigo a quienes más lo necesitan, “supongan que un hermano o hermana andan medio desnudos o sin el alimento necesario, y uno de ustedes les dice: vaya en paz, abríguense y coman todo lo que quieran; pero no les da lo que sus cuerpos necesitan, ¿de qué sirve?” (St 15-16). Se debe por tanto facilitar, a través de donación o colecta, la entrega de ropa a familias que han sido víctimas del desplazamiento forzado o aquellas que por catástrofes naturales no poseen ningún bien o personas que por cualquier otra calamidad requieren con urgencia de ser abrigados.

 

A la hora de entregar nuestra ropa, como lo dice el evangelio “el que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene…” (Lc 3,11a), es bueno pensar que podemos dar de lo que nos sobra o ya no nos sirve, pero también podemos dar de lo que aún es útil y que a veces es necesario hacer un sacrificio por alguien que en un momento determinado lo requiere.

 

1.5.            Enterrar a los muertos

 

Enterrar a los muertos parece un mandato superfluo, porque –de hecho- todos son enterrados. Pero, por ejemplo, en tiempo de guerra, puede ser un mandato muy exigente. ¿Por qué es importante dar digna sepultura al cuerpo humano? Porque el cuerpo humano ha sido alojamiento del Espíritu Santo. Somos “templos del Espíritu Santo (1 Cor 6, 19).

 

Es importante aclarar que para los cristianos el asistir a unas exequias tiene un sentido profundo, pues se hace con el propósito de acompañar y fortalecer en la fe a los hermanos que siguen peregrinando en este mundo y que sufren por la partida de sus seres queridos, más no se hace simplemente con el fin de despedir a quien ya goza de la Pascua definitiva.

 

2. ¿Cómo ganar indulgencia con la práctica de las obras de misericordia?

 

La indulgencia plenaria jubilar podrá obtenerse también mediante iniciativas que favorezcan de modo concreto y generoso el espíritu penitencial, que es como el alma del Jubileo. Por ejemplo, absteniéndose al menos durante un día de cosas superfluas (por ejemplo, el tabaco, las bebida alcohólicas, ayunando o practicando la abstinencia según las normas generales de la Iglesia y las de los Episcopados) y dando una suma proporcionada de dinero a los pobres; sosteniendo con una significativa aportación obras de carácter religioso o social (especialmente en favor de la infancia abandonada, de la juventud con dificultades, de los ancianos necesitados, de los extranjeros en los diversos países donde buscan mejores condiciones de vida); dedicando una parte conveniente del propio tiempo libre a actividades de interés para la comunidad u otras formas parecidas de sacrificio personal.

 

6. AHORA COMENTEMOS5.comentemos

  1. ¿Qué obras corporales son urgentes en nuestro sector o vereda? – elaborar una lista de necesidades – y ¿Cómo vamos a atender dichas necesidades? – poner por escrito las acciones a realizar y en cada una asignar uno o dos responsables.  

 

7. EMPRENDAMOS EL CAMINO

«Un hombre no reaccione ante las tribulaciones e injusticias y que no se esfuerce por aliviarlas, no es un hombre a la medida del amor del corazón de Cristo" (PP. Francisco)