Encuentro 10

VISITAS QUE LIBERAN Y SALVAN

encuentro10

Vivamos juntos la misericordia

Encuentros para las pequeñas comunidades parroquiales 

(Jubileo extraordinario)

 

1. ¿Qué nos proponemos en este encuentro?

Tomar conciencia que en los hermanos enfermos y presos, tanto física como espiritualmente, está Cristo el Señor, a tal punto que nuestra caridad y amor fraterno se exprese cumpliendo las palabras del Señor, cuando dijo: “En verdad les digo que cuanto hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron”.

 

2. Canto: Con nosotros está

1.cantoCon Nosotros está y no lo conocemos

con nosotros está, su nombre es El Señor.(bis)

 

 

Su nombre es El Señor y pasa hambre

y clama por la boca del hambriento,

y muchos que lo ven pasan de largo

acaso por llegar temprano al templo.

 

 

Su nombre es el Señor y sed soporta

y está en quien de justicia va sediento,

y muchos que lo ven pasan de largo,

a veces ocupados en sus rezos.

 

 

Su nombre es El Señor y está desnudo,

la ausencia del amor hiela sus huesos,

y muchos que lo ven pasan de largo,

seguros y al calor de su dinero.

 

 

Su nombre es El Señor y enfermo vive

y su agonía es la del enfermo,

y muchos que lo saben no hacen caso,

tal vez no frecuentaban mucho el templo. 

 

3. PARA EL ANIMADOR: (PISTAS PARA ORIENTAR EL ENCUENTRO)

  1. ¿Quiénes son los enfermos y los presos hoy?
  2. ¿Qué diferencia hay entre los hermanos enfermos y presos físicamente, y aquellos que viven estas situaciones de manera espiritual?2.animador
  3. ¿Qué tipos de enfermedades espirituales podemos notar?
  4. ¿A qué tipo de esclavitudes debemos anunciarles hoy la libertad otorgada por Cristo?
  5. ¿Cómo anunciamos la libertad a los presos y la salud a los enfermos?
  6. ¿Yo padezco alguna enfermedad o esclavitud tanto física como espiritual? ¿Qué he hecho para sanarme o liberarme?
  7. ¿Nuestra sociedad sí encuentra en Cristo Jesús la medicina para la enfermedad y la libertad plena? 

 

ATENCIÓN:

Responda usted, personalmente las anteriores preguntas que le ayudarán como pistas para fomentar el diálogo inicial. Estas pueden ser proyectadas en un video beam, una cartelera o copiadas para ser entregadas a los participantes.

 

4.  ESCUCHEMOS A DIOS: Is 61, 1-3

3.biblia

  • Esta sección del tercer libro del profeta Isaías, nace en el contexto del destierro de Babilonia, es decir en un momento de prueba y de dificultades, porque el pueblo de Israel había perdido la tierra que Dios le había dado; más el profeta, alienta al pueblo a buscar a Di  os, para ellos se refiere a los miembros más frágiles de la comunidad, es decir: los cautivos, los enfermos, los pobres y sencillos, y promete que llegará la renovación, que llegara el tiempo de Dios en que el espíritu abatido se alce en alabanza a Dios.
  • Isaías vislumbra la luz mesiánica (61,1-11). Siente, percibe, entiende, desea el fin del pecado, la enfermedad y la muerte. El Heraldo de Dios implantará su justicia. Anuncia que llega la liberación de la injusticia, donde nacerá el reino eterno de paz. El amor instala la justicia en cumplimiento de la promesa divina.
  • En seguida nos anuncia el texto qué son las cosas buenas que agradan a Dios: “vendar los corazones rotos, pregonar a los cautivos la liberación y a los reclusos la libertad, y a pregonar el año de gracia de Yahvé… consolando a los que lloran” esto en pocas palabras son las obras de misericordia, tanto espirituales como corporales.
  • Para el mundo judío la institución del año de gracia o año jubilar, según el libro del Levítico 25,8-17 tenía algunas particularidades como: cada cincuenta años se celebraba, era el año en que los esclavos recobraban la libertad, las deudas se perdonaban, se recobraba la herencia, se volvía a la casa paterna.  
  • Por ultimo nos menciona este pasaje cuales son los efectos de ejercer las obras de misericordia, en nuestra vida y en el caminar a la perfección cristiana, veamos: “para darles diadema en vez de ceniza, aceite de gozo en vez de vestido de luto, alabanza en vez de espíritu abatido. Se los llamara robles de justicia” estas son las palabras de la promesa que en labios del profeta Isaías se nos anuncia.     

 

 

5. CONSTRUYAMOS EL CAMINO

4.camino

 

 

 

  1. La enfermedad en el ser humano

Cuando experimentamos o tan solo pensamos en lo que es la enfermedad y lo que implica, sentimos fracasar nuestros proyectos, anhelos, deseos y sueños, sentimos nuestra finitud y los límites de la vida, porque de cierta manera nos deja entre ver la muerte (ver CEC.1500)  Es así que muchos reaccionan negativamente, perdiendo la esperanza y sumiéndose en profunda tristeza, declarándose en desgracia e incluso pensando que son maldecidos por Dios, afirmación que por supuesto es imposible, pues Dios es amor, y Él “no se retrasa en el cumplimiento de la promesa, como algunos lo suponen, sino que usa su paciencia, no queriendo que ninguno perezca sino que todos lleguemos a la conversión” (2Pe 3,9).

Otros por su parte buscan una perspectiva más cristiana de esta realidad, logrando encontrarse personalmente con Cristo, cambiando sus vidas y teniendo la conciencia de que es Él que pasa visitándolos y compartiéndoles parte de sus sufrimientos. 

Nuestra fe en Cristo ilumina esta realidad tan humana, en una doble perspectiva; por una parte implica al cristiano que sufre por su enfermedad, alentándolo a la esperanza; por otra, hace ver a los cristianos que acompañan y están cerca de aquel que sufre, lo importante que es la caridad, la tolerancia y el amor, así como la disponibilidad y el recordar continuamente que servir al enfermos es servir al mismo Cristo.

 

2. ¿Qué testimonio nos da la Escritura de la enfermedad?

En la Sagrada Escritura encontramos testimonios de muchos hombres santos que han experimentado la enfermedad, como Naaman quien siendo leproso, pidió ayuda a Dios por medio del profeta Eliseo, quién lo mando bañarse siete veces en el rio Jordán para quedar limpio (2Re 5) o Tobit, padre de Tobías que fue sanado por Dios, por medio del arcángel Rafael de su ceguera (Tb 11) o el caso de una mujer que padecía flujos de sangre y fue sanada al tocar el manto de Jesús (Mc 5,21-43) puesto que Él fue el rostro misericordioso de Dios, para paralíticos, tullidos, cojos, leprosos y endemoniados (Mc 1,40-42;2,1ss; Mt 8,14-5; Lc 6,6-11; Mc 7,31-37; Lc 18,35-45)

Pero entre todos estos personajes bíblicos debemos referirnos de manera privilegiada a Job, quien pierde a sus hijos, sus posesiones y enferma gravemente de lepra, en medio de estas situaciones Job acude a Dios, y da una lección de fidelidad y perseverancia aun en medio del dolor, cuando dice a su mujer: “¡resulta que estamos dispuestos a recibir de Dios lo bueno y no lo estamos para recibir lo malo!” Jb 2,10b; debemos también fijarnos en los amigos de Job que lo visitaban constantemente, cada uno de ellos nos enseña las diferentes actitudes que muchas veces tenemos a la hora de acercarnos a un enfermo, ya que podemos ser como Elifaz, Bildad y Sofar que alimentamos la tristeza y la desesperanza del enfermo, diciendo que ha caído en desgracia, que de esa situación y no sale, que es culpa de los pecados cometidos, e incitándolo incluso a entrar en confrontación con Dios, pero es el mismo Job el que nos enseña cual es el mensaje que debemos llevar a la persona que pasa por estas situación, es una palabra de esperanza, de redención y de bendición, alentándolo a descubrir en medio de la enfermedad la presencia del Señor, que pasa para darle salvación.

   

3. El sacramento de la unción de los enfermos

En la Tradición de la nuestra Iglesia católica, encontramos que el mismo Jesucristo confirió el poder a sus apóstoles de sanar a los enfermo (ver: Mt 10,1; Mc 16,15-18; Lc 9,1-2; Mc 6,13) pero el texto bíblico que ha dado base al sacramento de la unción de los enfermos es Santiago 5,14s que dice:

“¿Está algunoenfermoentre vosotros? Llame a los presbíterosde la iglesia, y oren ellos por él,ungiéndolecon aceite en el nombre del Señor. Y laoraciónde fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si ha cometido pecados, le seránperdonados”

Muchos de nosotros hoy, pensamos que este sacramento, se da única y exclusivamente a los moribundos, es decir a aquellas personas que están a punto de dar el paso a la eternidad, y por esta razón es llamado comúnmente “extremaunción”, sin embargo el Concilio Vaticano II prescribió que se retornara a llamarlo Unción de los enfermos (SC 73) dándole el carácter propio de sacramento de sanación y no de muerte.

Como signos propios de este sacramento, está la presencia del presbítero, es decir del sacerdote que en silencio impone las manos sobre el enfermo y orara con la fe de la Iglesia, encomendando al enfermo a la voluntad de Dios, acompañado luego de la unción con el óleo propio de este sacramento pronunciado las siguientes palabras: “Por esta Santa Unción, y por su bondadosa misericordia te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo, para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad” (CEC 1517-1519)

Al celebrar este sacramento el enfermo reciba un don particular del Espíritu Santo, es decir que poseerá paz, consuelo, el ánimo necesario para luchar, vera su fe en Dios fortalecida, tendrá el valor para luchar contra las tentaciones y sus pecados serán perdonados; también por el sacramento se unirá mas estrechamente a la pasión de Cristo y el sufrimiento adquirirá una nueva condición, pues será un sufrimiento unido a la obra redentora de Cristo; además toda la Iglesia unida en comunión de fe y amor orara por el enfermo, para que Dios haga su voluntad en él; por ultimo en caso tal que su enfermedad sea de extrema gravedad o preparará para ir al encentro de Dios en santidad.

 

4. La prisión, lugar de la misericordia divina y humana

Una realidad tan cercana pero tan distante a la vez, son nuestros hermanos encarcelados, privados de la libertad, y juzgados ante la ley civil por violar de alguna manera las leyes de convivencia y seguridad social. Decimos que es una realidad cercana, porque bien conocemos y tenemos claro que estos hombres y mujeres que han cometido un delito se encuentran recluidos en cárceles, esperando o viviendo su condena; pero también distante, ya que muchos de nosotros por gracia de Dios no tiene un familiar o amigo en esta situación y esto ocasiona que vivamos distantes de esta realidad e incluso sojuzgando a aquellos que por malas decisiones en su vida han terminado condenados justa o injustamente; sin embargo como personas de fe, no podemos ser ajenos a esta realidad.

La Palabra de Dios, específicamente en la Antigua Alianza esta empapada de la experiencia judía de vivir prisioneros, esclavos de otros pueblos, esta realidad de esclavitud hizo que la predicación profética de Isaías, Jeremías y los demás profetas estuviera impregnada de esperanza, de libertad en Dios.

Ya en el Nuevo Testamento encontramos como Jesús se identifica con los presos, al decir “lo que habéis hecho con estos mis hermanos más pequeños lo habéis hecho conmigo” en Mt 25,31-46, también San Pablo y los demás apóstoles quienes vivieron en carne propia muchas veces la prisión, agradece a los cristianos, el amor, el cariño, la oración y la compañía que le hicieron mucho bien mientras estaba en la prisión Flp 1,19 Hch 5,17ss; 8,3; 12,1-17. Sin embargo el texto más significativo es Hebreos 13,3 que dice: “Acuérdense de los presos, como si estuvieran presos con ellos, y de los que son maltratados pensando que también ustedes tiene un cuerpo”

En resumen lo que la Sagrada Escritura quiere decirnos es como no podemos desvincular nuestra vida de fe en Dios, de la acción propia del cristiano de salir al encuentro de los hermanos más frágiles y vacilantes para fortalecerlos y amarlos con el mismo amor de Cristo.

 

5. Que implica visitar a los presos Pastoral penitenciaria

En nuestras parroquias y comunidades cristianas, la pastoral penitenciaria, es decir aquella parte de la Iglesia que coordinan la atención a los presos y cautivos, se encuentra casi desaparecida, debido al gran esfuerzo, humano y espiritual que implica, pues es cierto que no es nada fácil lograr a acceder a las cárceles, ni mucho menos conseguir recursos para asistir materialmente a los reclusos, además es un pastoral rodeada de prejuicios sociales, al tratarse de dar dignidad a los que son vistos como lo peor de la sociedad, que no merecen más que la muerte, de todas maneras lo que si debe ser importante para un cristiano que vive en Cristo es buscar ser misericordioso, como nuestro Padre es misericordioso (Lc 6, 27-36) y ofrecer esa misericordia, de manera especial a aquellos que esperan escucha una palabra de amor y de fortaleza, porque finalmente ¿Quiénes somos nosotros para juzgar a nuestro hermanos?

Tal vez no conocemos a nadie de nuestros allegados que está en la cárcel, pero si podemos orar tanto por aquellos que justa o injustamente han perdido su libertad, como también por el trabajo que realiza la nuestra Iglesia en las penitenciarías y sitios de reclusión; en nuestro país existen alrededor de 140 centros de reclusión que albergan a más de 120 mil personas a las cuales, nosotros como miembros de la Iglesia, tenemos la misión de anunciar la Buena Nueva, a través de programas de atención integral que incentiven un crecimiento humano, afectivo, social pero sobre todo un crecimiento en la fe que provoquen cambios de actitud.

Además de cumplir su labor evangelizadora tras las rejas, la Pastoral Penitenciaria debe adelanta diversos programas de atención y promoción social integral para las familias de los reclusos, la caridad y ayuda a los deportados de las cárceles del exterior, la formación y la inculturación de la misericordia al personal de la guardia y funcionarios del servicio penitenciario.

 6. AHORA COMENTEMOS

 

  1. ¿soy más consciente de porque Cristo tuvo en gran estima a los enfermos y encarcelados y obraba milagros en su favor?5.comentemos
  2. ¿cómo puedo vivir más comprometido en este año de la misericordia con los enfermos y los presos de mi comunidad?
  3. ¿qué es el sacramento de la unción de los enfermos? ¿porque Jesús lo ha instituido?
  4. ¿Cuál es mi actitud personal ante la enfermedad?
  5. ¿Cuál es mi actitud ante los hermanos privados de la libertad? 

 

7. EMPRENDAMOS EL CAMINO

 

“Podemos pedir a Jesús misericordioso por la intercesión de María, que nosconceda esta disponibilidad para servir a los necesitados, y concretamente a nuestros hermanos enfermos. A veces este servicio puede resultar duro, pesado, pero estamos seguros de que el Señor no dejará de transformar nuestro esfuerzo humano en algo divino”

(Papa Francisco)