Vivamos juntos la misericordia

encuentro6

 

Encuentros para las pequeñas comunidades parroquiales 

(Jubileo extraordinario)

Encuentro 6

LA FAMILIA, CASA DE LA MISERICORDIA

 

  1. ¿Qué nos proponemos en este encuentro?

Conocer la importante misión de la familia en la formación de cristianos capaces de vivir cotidianamente la misericordia siendo imágenes vivas del Padre misericordioso. 

 

2. Canto: Den gracias al Señor porque es Bueno

¡Señor, haz de mí un instrumento de tu paz! 
Que allí donde haya odio, ponga yo amor; 
donde haya ofensa, ponga yo perdón; 
donde haya discordia, ponga yo unión; 
donde haya error, ponga yo verdad; 
donde haya duda, ponga yo fe; 
donde haya desesperación, ponga yo esperanza; 
donde haya tinieblas, ponga yo luz; 
donde haya tristeza, ponga yo alegría.

¡Oh, Maestro!, que no busque yo tanto 
ser consolado como consolar; 
ser comprendido, como comprender; 
ser amado, como amar.

Porque dando es como se recibe; 
olvidando, como se encuentra; 
perdonando, como se es perdonado; 
muriendo, como se resucita a la vida eterna.

 

3. PARA EL ANIMADOR: (PISTAS PARA ORIENTAR EL ENCUENTRO)2.animador

-        - ¿Dónde se aprende a ser misericordiosos como el Padre?

-     - ¿En la sociedad donde vivimos hoy se dan situaciones que deben ser objeto de misericordia? ¿Cuáles?

-     - ¿En mi población qué personas conozco que practiquen o hayan practicado la misericordia de manera ejemplar? ¿Cómo lo hacen?

 

4.  ESCUCHEMOS A DIOS: 1Cor 13, 4-7

3.biblia

“Himno al amor cristiano. Lo que en el cuerpo realiza y anima la funcionalidad orgánica, en la Iglesia lo realiza el super-carisma que es el amor. Al llegar aquí, la retórica de Pablo se vuelve lírica para cantar al amor. Puede compararse con la enseñanza del sermón de la cena –especialmente Jn 15,12-17– y la primera carta de Juan. A los términos griegos corrientes de «eros» o «philia» ha preferido Pablo uno menos frecuente, «ágape», pues canta al amor que el Espíritu de Dios, de Cristo, infunde en el cristiano y la cristiana (cfr. Rom 5,5). Aunque en alguna de sus manifestaciones coincida con las de otros amores humanos, el origen y finalidad del «ágape» trasciende y supera a todos.

 

El termino griego «ágape» se ha venido traduciendo por «caridad». Esta palabra hoy día está desprestigiada, ha perdido en nuestras lenguas actuales toda la fuerza que tenía en la experiencia y en la vida de Pablo. Hoy «caridad» o «hacer caridad» para mucha gente significa dar una limosna o ayuda esporádica al necesitado sin que necesariamente comprometa a la persona en lo más profundo de su ser. Para el Apóstol, por el contrario, la «caridad» lo es todo y sin «caridad» toda la vida cristiana se reduce a hipocresía.

 

¿Cómo explicar este amor? Dejando aparte toda definición, Pablo se lanza a una apasionada descalificación y relativización de todo don o cualidad humana, esfuerzo, renuncia y sacrificio que no esté inspirado por el amor-caridad (1-3). Después, baja al detalle y nos dice cómo se comporta una persona que ama (4-7), para terminar afirmando que, al final, cuando nos encontremos con Dios cara a cara, la fe y la esperanza habrán cumplido su cometido y ya solo el amor permanecerá para siempre. No debemos olvidar el contexto polémico de la carta donde Pablo inserta este magnífico canto al amor, es decir, el contexto del «cuerpo de Cristo», formado por todos los creyentes de la comunidad de Corinto donde se había insinuado la división y la discriminación. Sólo el amor a Cristo y a su cuerpo, inseparables ya, es capaz de crear la comunidad. Como decía san Juan de la Cruz: «en el último día seremos examinados de amor».” (La Biblia de nuestro pueblo).

 

 5. CONSTRUYAMOS EL CAMINO

4.camino

 

1. ¿Cuál es la vocación y característica esencial de la familia? 

 

El Papa Francisco que dedicó gran parte de las catequesis de los miércoles durante el año 2015 al tema de la familia contesta en una de ellas, “educar a los hijos para que crezcan en la responsabilidad de sí mismos y de los demás”. Esto debe hacerse con “sabiduría y equilibrio muy grande”.

 

Llama la atención que el Papa señale como objetivo de la educación a los hijos el crecimiento en la responsabilidad de cada uno y también en la responsabilidad de los demás.  Podría decirse que se es más educado cuando uno responde por sí mismo y por los demás. ¿Y quiénes son los demás? Las personas que conforman la familia y quienes no forman parte de ella.  El Señor ha ampliado el concepto de familia y nos ha indicado que son también los más necesitados, los marginados, los excluidos, los pobres. Somos más educados cuando practicamos la misericordia.

 

 

María Montessori, más conocida en el campo de la educación que en el campo de la medicina, su profesión, decía: “Todo el mundo habla de paz, pero nadie educa para la paz, la gente educa para la competencia y este es el principio de cualquier guerra. Cuando eduquemos para cooperar y ser solidarios unos con otros, ese día estaremos educando para la paz”. 

 

 

Parodiando estas palabras podría decirse: en nuestro país todas las familias católicas hablan del año de la misericordia, del año de los acuerdos para la paz, pero ¿hemos educado para practicar la misericordia que lleva a la paz? Tal vez hemos educado más bien para la competencia, para el individualismo, para sobresalir, para “defenderse” en la vida, lo que lleva a la lucha por tener más que los demás originando las diferentes formas de violencia que nos caracterizan y que tanto lamentamos.

 

 

Cuando eduquemos para cooperar, para ser misericordiosos unos con otros, ese día estaremos educando para una auténtica paz y para la construcción del Reino de Dios. Vale la pena en la familia vivir y educar para ser misericordiosos. Esto es más importante que la firma de acuerdos en documentos que pocos tienen en cuenta porque muchos no han sido educados para ser misericordiosos.  

 

 

2. Crear conciencia de misericordia

 

Con sabiduría y equilibrio muy grande, dice el Papa. “En la base de todo está el amor, el amor que Dios nos da, que «no es indecoroso ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal... Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1 Cor 13, 5-7). Incluso en las mejores familias hay que soportarse, y se necesita mucha paciencia para soportarse. Pero la vida es así. La vida no se construye en un laboratorio, se hace en la realidad. Jesús mismo pasó por la educación familiar”.

 

En la vida cotidiana de la familia, con sus tiempos y sus acontecimientos es donde debemos aprender a vivir la misericordia. Aquí también el Papa Francisco nos da ayudas muy prácticas: una forma de educar para la misericordia es aprender a utilizar siempre tres palabras claves, “mágicas”, de buena educación: «permiso», «gracias», «perdón». Usarlas con sinceridad y autenticidad produce buenos resultados y beneficios. “Estas palabras abren camino para vivir bien en la familia, para vivir en paz. Son palabras sencillas, pero no tan sencillas de llevar a la práctica. Encierran una gran fuerza: la fuerza de custodiar la casa, incluso a través de miles de dificultades y pruebas; en cambio si faltan, poco a poco se abren grietas que pueden hasta hacer que se derrumbe”.

 

Es posible que nuestra educación las tenga demasiado olvidadas, y en consecuencia, nuestra vida familiar y social sea tormentosa y violenta, poco feliz y agradable. El Señor nos ayude a saberlas utilizar, a volver a ponerlas en el sitio que deben estar, en nuestro corazón, en nuestra casa, y también en nuestra convivencia civil. Son palabras muy útiles para vivir, educar precisamente en el amor de la familia.

 

3. ¿Con quienes debemos practicar especialmente la misericordia en la familia?

 

 

En la familia se aprende a ser misericordiosos practicando la misericordia especialmente con quienes conforman la familia: padres, hermanos, abuelos, tíos ancianos, y con quienes no forman parte de la familia pero requieren nuestra atención y ayuda.

 

3.1. La madre.

 

Es tal vez el ícono más conocido de la misericordia. Popularmente se dice de quien es misericordioso que es una madre. En la familia es natural encontrar en ella ternura, acogida, dulzura, caricia, escucha, confianza. Cuando una madre actúa con estas características practica la misericordia y a la vez educa para ser misericordiosos.

 

 

La madre practica y enseña la misericordia cuando da la vida, con espíritu de martirio, se entrega en el deber, en el silencio, en la oración, en el cumplimiento honesto del deber; en ese silencio de la vida cotidiana; da la vida poco a poco. “Sí, como la entrega una madre, que sin temor, con la sencillez del martirio materno, concibe en su seno a un hijo, lo da a luz, lo amamanta, lo cría y cuida con afecto. Es dar la vida. Es martirio», decía el arzobispo Oscar Arnulfo Romero (citado por el Papa Francisco). Cuando transmite el sentido más profundo de la práctica religiosa: en las primeras oraciones, en los primeros gestos de devoción que aprende un niño.

 

 

Cuando ama a los hijos por lo que son. Vale transcribir este recuerdo del Papa Francisco para ilustrar esta afirmación: “Recuerdo que mi madre decía de nosotros —éramos cinco—: «Tengo cinco hijos». Cuando le preguntaban: « ¿Cuál es tu preferido?», respondía: «Tengo cinco hijos, como cinco dedos. [Muestra los dedos de la mano] Si me golpean este, me duele; si me golpean este otro, me duele. Me duelen los cinco. Todos son hijos míos, pero todos son diferentes, como los dedos de una mano». Y así es la familia. Los hijos son diferentes, pero todos hijos”.

 

3.2. El Padre

 

En la familia se enseña a ser misericordioso cuando el padre es verdaderamente padre ya que está presente, cercano a la esposa, para compartir todo, alegrías y dolores, cansancios y esperanzas, cercano a los hijos en su crecimiento.Cuando los padres son pacientes pues no hay otra cosa que hacer más que esperar; rezar y esperar con paciencia, dulzura, magnanimidad y misericordia. Cuando se corrige con firmeza pero sin humillar.

 

3.3. Los hermanos

 

En la familia se enseña a ser misericordioso cuando se vive la fraternidad. “Si se da en un clima de educación abierto a los demás, es la gran escuela de libertad y de paz. En la familia, entre hermanos se aprende la convivencia humana, cómo se debe convivir en sociedad. Tal vez no siempre somos conscientes de ello, pero es precisamente la familia la que introduce la fraternidad en el mundo. A partir de esta primera experiencia de fraternidad, nutrida por los afectos y por la educación familiar, el estilo de la fraternidad se irradia como una promesa sobre toda la sociedad y sobre las relaciones entre los pueblos”.La fraternidad en la familia resplandece de modo especial cuando vemos el cuidado, la paciencia, el afecto con los cuales se rodea al hermanito o a la hermanita más débiles, enfermos, o con discapacidad” (Papa Francisco).

 

3.4. Los Ancianos: Abuelos, Tíos…

 

En la familia se vive y se enseña la misericordia cuando se cuida y atiende a los ancianos ya sean abuelos, tíos, u otros, especialmente hoy cuando la sociedad los considera como un peso, un estorbo, un problema, que hay que descartar, cuando en realidad son “la reserva de sabiduría de nuestro pueblo”.

 

 

El Papa Francisco nos comparte esta anécdota: “En una ocasión, siendo niño, mi abuela nos contaba una historia de un abuelo anciano que al comer se manchaba porque no podía llevar bien la cuchara con la sopa a la boca. Y el hijo, o sea el padre de la familia, había decidido cambiarlo de la mesa común e hizo hacer una mesita en la cocina, donde no se veía, para que comiese solo. Y así no haría un mal papel cuando vinieran los amigos a comer o a cenar. Pocos días después, al llegar a casa, encontró a su hijo más pequeño jugando con la madera, el martillo y los clavos, haciendo algo, y le dijo: « ¿Qué haces? −Hago una mesa, papá. −Una mesa, ¿para qué? −Para tenerla cuando tú seas anciano, así tú podrás comer allí». Los niños tienen más conciencia que nosotros”.

 

“Los ancianos son hombres y mujeres, padres y madres que estuvieron antes que nosotros en el mismo camino, en nuestra misma casa, en nuestra diaria batalla por una vida digna. Son hombres y mujeres de quienes recibimos mucho. El anciano no es un enemigo. El anciano somos nosotros: dentro de poco, dentro de mucho, inevitablemente de todos modos, incluso si no lo pensamos. Y si no aprendemos a tratar bien a los ancianos, así nos tratarán a nosotros” (Papa Francisco).

 

Los ancianos pertenezcan a nuestra familia o no, deben ser objeto de nuestra misericordia. Merecen y tienen derecho a ser tratados con misericordia.

 

3.5. Los Niños

 

En la familia se practica y se enseña la misericordia cuando los niños son aceptados, atendidos, educados , tratados, amados, como lo que son, seres dependientes que necesitan de nuestra atención, nuestra protección y sobre todo nuestro amor. Esta afirmación pareciera obvia y redundante, pero lo que se observa en nuestra sociedad indica que hace mucha falta ser misericordiosos con nuestros niños. Ellos nos recuerdan que en los primeros años de vida, fuimos totalmente dependientes de los cuidados y de la benevolencia de nuestros padres biológicos o de adultos que hicieron de padres.

Lastimosamente en nuestra sociedad actual numerosos niños desde su nacimiento, y con frecuencia antes, son rechazados, abandonados, porque dizque son fruto de un error y con esa justificación les roban su infancia y su futuro. Pecado grave esto ya que se trata de seres indefensos, vulnerables.

 

 

“Todos los adultos, somos responsables de los niños y de hacer cada uno lo que puede para cambiar esta situación. Me refiero a la «pasión» de los niños. Cada niño marginado, abandonado, que vive en la calle mendigando y con todo tipo de expedientes, sin escuela, sin atenciones médicas, es un grito que se eleva a Dios y que acusa al sistema que nosotros adultos hemos construido. Y, lamentablemente, estos niños son presa de los delincuentes, que los explotan para vergonzosos tráficos o comercios, o adiestrándolos para la guerra y la violencia” (Papa Francisco). 

 

Otro grupo de niños que requieren de nuestra misericordia son los niños con graves dificultades y limitaciones en su salud. Gracias a Dios “encuentran con mucha frecuencia padres extraordinarios, dispuestos a todo tipo de sacrificios y a toda generosidad. ¡Pero estos padres no deberían ser dejados solos! Deberíamos acompañar su fatiga, pero también ofrecerles momentos de alegría compartida y de alegría sin preocupaciones, para que no se vean ocupados sólo en la rutina terapéutica” (Papa Francisco).

 

“Pensad lo que sería una sociedad que decidiese, una vez por todas, establecer este principio: «Es verdad que no somos perfectos y que cometemos muchos errores. Pero cuando se trata de los niños que vienen al mundo, ningún sacrificio de los adultos será considerado demasiado costoso o demasiado grande, con tal de evitar que un niño piense que es un error, que no vale nada y que ha sido abandonado a las heridas de la vida y a la prepotencia de los hombres». ¡Qué bella sería una sociedad así! Digo que a esta sociedad mucho se le perdonaría de sus innumerables errores. Mucho, de verdad” (Papa Francisco).

 

4. La misericordia en la familia.

 

Que tenemos el gran reto de animarnos y recordarnos siempre que la vocación y característica esencial de la familia es educar para ser misericordiosos viviendo y practicando la misericordia.

 

 

Que es útil y beneficioso educar para ser misericordiosos pues solamente así la convivencia familiar y social en paz es posible, y contribuimos en la construcción del Reino de Dios. Que todos los que forman parte de la familia son objeto de la educación para ser misericordiosos, y son objeto de misericordia: padre, madre, hermanos, familiares ancianos, niños. Que todo ser humano debe ser objeto de nuestra misericordia.

 

6. AHORA COMENTEMOS

-    -  ¿Qué actitudes de misericordia aprendí en mi familia y hoy son parte de mi vida diaria?5.comentemos

-  - ¿Qué cosas he hecho para que mi familia sea una auténtica escuela de la misericordia? Si la respuesta es nada, ¿qué cosas me propondría hacer?

-   -  ¿En su población conoce alguna familia que de acuerdo con lo que se ha reflexionado es una verdadera escuela de la misericordia? ¿Por qué lo es?

 

 

7. EMPRENDAMOS EL CAMINO

 

«Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso agrada al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan el ánimo» (Col 3, 20-21).